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14.4.15

Lo que los fabricantes de fórmulas lácteas NO dicen

 L@s bebés no amamantad@s son en la mayoría de los casos,
alimentad@s con fórmulas infantiles.
 

El consumo de estas sustancias conlleva riesgos importantes
para la salud y la vida del bebé.  A la fecha hay suficiente información científica sobre los efectos
dañinos del consumo de fórmula infantil, los cuales se producen
no sólo en la infancia sino también en la edad adulta.
La frecuencia e intensidad de las enfermedades que sufren
los niños y las niñas durante sus primeros años de vida,
ocasionadas por el consumo de fórmulas infantiles, reducen
significativamente su calidad de vida.


Los fabricantes de fórmulas lácteas ocultan descaradamente esta información. Para ellos, la alimentación infantil es un negocio muy lucrativo, por ello ponen en práctica millonarias campañas publicitarias para evitar que información sensible sobre los terribles efectos a corto y largo plazo del consumo de leche de vaca quimicamente procesada salga a la luz pública. 

La mayoría de las madres que ofrecen fórmulas lácteas a sus bebés lo hacen confiando en que estos productos son de buena calidad y no conllevan riesgos a la salud. La industria que fabrica las fórmulas lácteas les hace creer, a través de la publicidad, que las fórmulas infantiles proporcionan nutrición y protección inmunológica.



13.4.15

5 estudios científicos a favor de la lactancia exclusiva

Existe un cúmulo importante de evidencia científica que reconoce en la Lactancia Materna Exclusiva (LME) la única práctica de alimentación infantil que previene las 4 enfermedades más recurrentes en la infancia: enfermedades diarreicas, infecciones respiratorias, infecciones urinarias y otitis media.

Aquí te mostramos las conclusiones de 5 estudios ciéntificos que evidencian la relación entre lactancia materna exclusiva y la prevención de enfermedades:

1) En un estudio realizado durante el año 2001, los autores concluyeron que en América Latina y el Caribe, la LME durante los primeros 6 meses de vida y la lactancia materna parcial para el
resto del primer año de vida, pueden evitar el 55% de los fallecimientos asociados con enfermedades
diarreicas e infecciones agudas de las vías aéreas entre los lactantes.


2) En un estudio realizado en Inglaterra se observó un aumento del 33% en el riesgo de desarrollar diábetes entre lactantes no amamantados, en comparación con lactantes amamantados. En Estados Unidos la tasa de diábetes para los lactantes amamantados fue menor en todos los grupos de edades
hasta los 40 años.

3) Un estudio realizado en Estados Unidos y otro en Alemania demostraron que los niños y niñas amamantadas tienen 30% menos probabilidades de sobrepeso y 40% menos probabilidades de obesidad.

4) En estudios realizados en Estados Unidos, Canadá y Australia se observó un riesgo significativamente mayor de desarrollar cáncer infantil en lactantes no amamantados, mientras que el cáncer de mama desarrollado en la adultez también se asoció inversamente con la LME.

5) Un estudio realizado en Filipinas en el año 1995 demostró que la prevalencia de alergia a los alimentos entre el año y los tres años de edad fue más alta en el grupo no amamantado o amamantado por poco tiempo. Los autores concluyen que la LME protege contra la enfermedad atópica en la
niñez y la adolescencia.

Referencias:
Cuantificación de los beneficios de la lactancia materna: reseña de la evidencia; Organización Panamericana de la Salud - 2002.


24.7.12

¿Deben los padres poner a dormir solos a sus bebés?

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Durante años la forma más natural de dormir junto a nuestros hijos ha sido blanco de fuertes criticas y ataques infundados. En nombre de la ciencia se nos ha impuesto un estilo de crianza basado en el desapego, la falsa independencia y la autoridad, cuyas consecuencias estamos aún por descubrir. 

Si hace cinco mil años le hubiéramos preguntado a la mujer de las cavernas si era bueno dormir con sus hijos, o se lo preguntamos a mujeres de la mayoría de los pueblos no occidentales, no tendrían dudas. Dormir con sus hijos significaba darles seguridad, alimentarlos con su pecho, evitar que se ahoguen, protegerlos del clima y de las fieras salvajes que asechaban durante la noche, en fin, significaba garantizarles la vida. 

Hoy en día, particularmente en las sociedades occidentales, los padres tienen ideas confusas acerca de “si deben o no” compartir el lugar de descanso/sueño nocturno con sus hijos e hijas, lo que también se conoce como Colecho. Por lo general madres y padres viven con angustia la confrontación entre su deseo de contacto estrecho y permanente con su bebé y las recomendaciones e imposiciones del entorno, especialmente de médicos que ejercen su poder hasta en nuestras habitaciones, convirtiendo la intimidad familiar en un asunto público y hasta político. 

El colecho es tan controversial como desconocido es su origen e importancia para el ser humano. Dormir junto a la cría es la forma biológicamente más apropiada de dormir para los mamíferos humanos, producto de siglos de evolución que junto al amamantamiento ha garantizado la supervivencia de la especie, razón por la cual no es sólo una practica ancestral sino la más común entre las culturas del mundo. 

Si esto es así, entonces ¿por qué a buena parte de la humanidad se le ha inducido a dejar “dormir” solos a los bebés? 

Las razones nada tienen que ver con el bienestar de los niños y las niñas, ni de sus madres, sino más bien con la imposición de falsas creencias sustentadas en el modelo hegemónico de familia patriarcal, que reserva el cuerpo de la mujer a la satisfacción del deseo del hombre y nos hace creer que esta es la única posibilidad de “vida de pareja” y por otra parte en una falsa noción de que el amor y el apego crea niños y niñas dependientes. Estas creencias han contado con el aval de la industria de la medicina y de la alimentación artificial que desde hace 150 años ha utilizado argumentos -en apariencia científicos- para justificar el alejamiento temprano del bebé mamífero de sus padres. 

Durante años los estudios realizados sobre sueño infantil fueron elaborados utilizando bebés alimentados con fórmulas lácteas y dejados dormir en solitario, produciendo resultados que la ciencia luego se encargó de convertir en estándares utilizados posteriormente para “medir” el comportamiento de todos los bebés. 

Bajo este esquema, un bebé normal es aquel que puede volver a dormirse sin ayuda de los padres después de despertar durante la noche, lo que en otras palabras significa dormir toda la noche. A los padres se les dice que cuanto antes sus hijos adquieran estas “habilidades” mejor, ya que éstas determinan la capacidad futura de desarrollar autoconfianza, independencia y buenos patrones de sueño. 

Además de establecer un falso patrón de normalidad para el sueño infantil, la ciencia ha sembrado terror entre los padres al vincular el colecho al Síndrome de Muerte Súbita del Lactante, ocultando que la mayoría de estas muertes se producen en bebés que duermen solos y que son alimentados con fórmulas infantiles. 

De esta manera, por muchos años  los padres han sido engañados. Se les ha hecho creer que lo normal es que los bebés duerman solos y apacibles en hermosas cunas y decoradas habitaciones. No se les ha dicho que junto a la soledad del lecho vacío viene el llanto, un mecanismo de defensa de los bebés que los conecta con la vida y el cual según “recientes” métodos conductistas de entrenamiento del sueño infantil, también debe ser ignorado por los padres. 

Tras sus teorías aparentemente modernas, estos seudocientíficos esconden deliberadamente cómo son los bebés mamíferos humanos y cuales son sus necesidades físicas y emocionales. Ni que decir, por supuesto, que esta separación intencional del bebé genera una muy rentable "industria de la independencia infantil": monitores, cunas, lencería, protectores, etc. 

La realidad es que los bebés nacen muy inmaduros y necesitan, tanto como la leche materna y el oxígeno para vivir, el cuerpo cálido y el latido del corazón de su madre asegurándoles que todo está bien como cuando se encontraban en el útero materno. Al momento de nacer y por mucho tiempo el bebé no logra reconocerse como un cuerpo distinto al de su madre, quien continua siendo su hábitat. 

Cuando un bebé duerme con su madre se produce una sensibilidad sensorial especial, hay menos episodios de llanto en el bebé, más tiempo de descanso para toda la familia y mayor producción de leche materna. La proximidad entre el bebé y sus padres aumenta las posibilidades de resolver con mayor rapidez cualquier evento que suponga un riesgo para este. 

Por el contrario cuando un bebé es puesto a dormir lejos de sus padres, se presenta un comportamiento esperable en el bebé mamífero humano: la protesta. El bebé llora porque percibe la soledad con gran angustia. Sus instintos más básicos lo alertan de un gran peligro y se expone al estrés producido por la gran cantidad de cortisol que segrega su cerebro. 

Estudios demuestran que se producen alteraciones en el ritmo cardiaco y respiratorio, así como en la regulación térmica y metabólica, además en el mediano y largo plazo existe una mayor predisposición a enfermedades mentales entre los bebés que de manera rutinaria se les ha dejado llorar. 

Dejar a los bebés dormir solos desconoce su naturaleza mamífera y pone en peligro su salud y su vida. Las madres y padres deben hacer un esfuerzo en reconquistar la maternidad-paternidad natural entendiendo que no se trata de un asunto individual, que debe llevarlos a un cuestionamiento profundo de este sistema que pone en primera fila la reproducción del capital a costa de la salud y la vida de los seres humanos, incluidos los bebés.

El colecho en nuestros pueblos indígenas 
En las comunidades indígenas Piaroa y Yanomami de nuestro país, el colecho es una práctica habitual que forma parte de la vida diaria. La noche transcurre en chinchorros colocados en forma de columnas, unos sobre otros. Los padres duermen más cercanos al suelo, mientras el bebé más pequeño siempre duerme con su madre quien cubre sus necesidades de seguridad, calor y alimento. 

Cada quien debe escoger 
El colecho es una práctica que abarca distintas formas de dormir junto a los hijos, puede ser compartiendo la misma cama o colocando al bebé en una cama aparte cerquita de la de sus padres donde se produzcan dos de tres formas de contacto: visual, táctil, auditivo. Cada familia debe escoger la forma que mejor se adapte a sus circunstancias particulares.
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5.7.12

Lactancia Continuada

En Lactarte apoyamos la Lactancia Continuada porque creemos en ella, y creemos en ella porque la practicamos. Son muchas las mamás que nos han pedido que escribamos sobre la lactancia prolongada, como algun@s la llaman, así que aquí nuestro pequeño aporte para desmontar las falsas creencias que se han tejido alrededor del amamantamiento de nuestr@s bebés más allá de su primer año de vida.

Para empezar preferimos llamarla lactancia continuada, en lugar de lactancia prolongada, ya que este último término le da una connotación que de entrada puede ser negativa; prolongada es sinónimo de extendida, alargada, dilatada, ampliada, aumentada, es decir, algo que dura más de lo normal, de lo natural.

Justamente allí es donde reside el principal problema: qué tiempo de amamantamiento acepta la sociedad occidental industrializada como normal.  Hasta hace muy poco (alrededor de 40 años), ni siquiera se hablaba de lactancia continuada sino de recuperar una práctica que estaba a punto de extinguirse en algunas partes del mundo.

Sin embargo, a partir del consenso alcanzado entre la OMS y la industria fabricante de fórmulas infantiles (hoy industria farmaceútica) para “respetar” al menos los primeros 6 meses de amamantamiento, (consenso que quedó plasmado en el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna) se hace más visible la lactancia durante más tiempo. OJO se hace más visible, no necesariamente más frecuente porque la industria de la alimentación artificial no se detuvo entonces ni se detendrá en su objetivo de que cada bebé se convierta en un consumidor desde el nacimiento.

Las mamás que amamantamos sabemos lo que buena parte de la sociedad occidental opina sobre el amamantamiento libre y continuado, porque diariamente recibimos criticas por amamantar a un bebé “grande”.  Todas hemos escuchado que la leche materna ya no alimenta después de los seis meses (algunos piensan que antes), que ese niñ@ está consentid@, que tiene de chupón la teta de la mamá, etc. La presión de nuestro entorno se hace en ocasiones tan insoportable que algunas mamás se ven en la necesidad de negarle el pecho a sus hij@s por no desatar un sin fin de comentarios negativos de familiares, amigos y desconocidos que se sienten con derecho a inmiscuirse en la relación madre-hij@.

Tal vez esta creencia infundada de que la lactancia materna continuada no tiene ningún sentido ni beneficio para nadie, tenga que ver con la creencia de que el amamantamiento es una forma de alimentar, y no una práctica de crianza. De este modo se ha pretendido imponer la idea que se puede sustituir una forma de alimentación por otra sin mayores consecuencias. Si a esta creencia se le añade que astutamente la industria de la alimentación artificial para infantes nos ha vendido que a l@s bebés se les cambia el alimento cada cierto tiempo: primero un tipo de leche para recién nacidos, luego la leche de seguimiento para “grandecitos”,  los cereales industriales, las compotas, jugos azucarados, etc., no debe extrañarnos que muchos crean que la lactancia materna continuada es una exageración de unas cuantas mamás dominadas por sus hijos.

En Lactarte siempre hemos defendido la práctica continuada de la lactancia materna desde varios ángulos, especialmente visibilizando que el amamantamiento es la forma natural de nutrir a un bebé tanto física como emocionalmente, una relación humana que se construye a lo largo del tiempo y que no puede ser terminada por una recomendación internacional.  Sin embargo, creemos que todavía falta mucho andar para que el amamantamiento sea visto y entendido en su dimensión más amplia y por eso dejamos acá un gráfico que muestra el aporte nutricional de la leche materna más allá del primer año de vida de l@s bebés.

Estamos seguras que esta información es más útil para que las madres tengan argumentos científicos que le ayuden a liberarse de tanta presión social, que para convencer a una mamá que disfruta plenamente el amamantamiento de su bebé, niño o niña.

22.6.12


A partir del mes de julio Lactarte y Portabebé Namú abren un espacio permanente para la discusión y  reflexión sobre temas trascendentales en la vida mamífera humana.

VIERNES de OXITOCINA

Proponemos un encuentro el último viernes de cada mes para hablar de feminidad, nacimiento, lactancia, apego, crianza, alimentación y otros temas cargados de oxitocina.

Entrada LIBRE, 10 am a 12m,
Bienvenidos l@s bebés

Sede Cooperativa Lactarte
Calle Rafael Arvelo, Anexo Qta. Los Panchos
Urb. Santa Mónica, Caracas
Telf: 0212-6901451

12.2.11

Criandoando en el 2011. Lactancia Materna Exclusiva


Iniciamos nuestra primera publicación de 2011, con el tema Lactancia Materna Exclusiva (LME). En este número conseguirás información sobre la evidencia científica que respalda la LME como la única forma de alimentación capaz de garantizar la vida y la salud de nuestros niños y niñas.
Para leer la publicación haz click aquí: http://issuu.com/lactarte/docs/criandoando_1-2011_isuu

6.2.11

Lactancia Materna y Longevidad


La proteína de la leche humana está estrechamente relacionada con el crecimiento y desarrollo de los seres humanos. El bajo nivel de proteína de la leche materna humana comparada con la leche de otros mamíferos, está ideado por la naturaleza para un crecimiento lento de especies con una larga vida. Alimentar a bebés humanos con leche de animales (vaca) y fórmulas infantiles a base de leche de vaca acelera su crecimiento físico, pero también aumenta el riesgo de infecciones, enfermedades crónicas y déficit intelectual. 

Esta es la conclusión de varios estudios que relacionan la esperanza de vida máxima y el porcentaje de proteína en la leche realizados en la segunda mitad del siglo XX. La leche humana se adapta a la vida a largo plazo y cualquier otra sustancia que vaya en contra de eso, debe ser descartada de la dieta de los seres humanos.

fuente: Amamantamiento, Perspectivas bioculturales. Patricia Stuart-Macadam y Katherine A. Dettwyler. 1995