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4.3.13

El Cartel Blanco

EL CARTEL BLANCO
LA FÓRMULA DEL ÉXITO DE LA INDUSTRIA DE ALIMENTOS PARA LACTANTES

La caída de las tasas de lactancia materna en el mundo es el resultado de décadas de   perversas prácticas de negocio de la industria de fórmulas infantiles.

Desde que la industria de fórmulas infantiles ideó -sin duda- una de las más exitosas estrategias de comercialización de producto alguno, ha pasado más de 100 años y pocas iniciativas han dado resultado para frenar los intereses económicos de empresas que ponen en riesgo la salud y la vida de millones de seres humanos. 

La estrategia ha sido y sigue siendo la COLUSIÓN entre la industria de alimentos para bebés y la industria médica. Colusión es un término utilizado para describir la actuación coordinada de un grupo de empresas cuyo fin es perjudicar a un tercero, generalmente un competidor, en la búsqueda de beneficios económicos superiores a los que obtendrían si compitieran en condiciones de “libre mercado”. 
 
De este acuerdo o pacto, surgen los Carteles. Según la doctrina neoliberal, la colusión incide negativamente en los niveles de producción y precio de los bienes y servicios de una economía, atentando contra la libre competencia, una de las prácticas -en apariencia- más perseguida por el Capitalismo. 

Para que la colusión se materialice es necesario que un líder (una empresa) modele las actuaciones del resto,  llevando al cartel a alcanzar para todos un beneficio económico superior al que es posible lograr en condiciones de “libre competencia”.

Una relación de larga data
  
El vínculo entre la industria de alimentos para lactantes y la industria médica es de larga data. La fórmula infantil fue creada por médicos pediatras que preparaban en sus consultorios preparados a base de leche de vaca, azúcar, harinas y otros elementos, que luego vendían al detal a  las madres que llevaban a sus bebés a consulta. Después de muchos experimentos y altas tasas de morbi-mortalidad infantil en las poblaciones que consumían las fórmulas, la industria de alimentos comenzó a producir y comercializar fórmulas infantiles de manera masiva. 

La recompensa que recibió la industria médica, por “entregar” su producto a los fabricantes de alimentos, marcó para siempre la relación entre estos dos gigantes que poco tiempo después se repartirían el poder sobre el nacimiento y la alimentación infantil.

Desde entonces la industria de alimentos infantiles ha ido tejiendo una compleja pero poderosa red alrededor de la industria médica utilizando su vinculación con grandes laboratorios internacionales y la figura descarada del patrocinio. A través de esta práctica la industria ha conseguido poner a su servicio un ejército de hombres y mujeres profesionales de la salud que actúan (concientes o no) como vendedores de fórmulas infantiles a millones de madres en el mundo entero. 

 ¿Quién es el competidor que hay que destruir?

Las empresas fabricantes de alimentos para infantes, decidieron hace unas cuantas décadas unirse para destruir al enemigo común: la lactancia materna. ¿Qué sentido tiene entrar en una guerra de precios entre competidores para ganar mercado cuando hay un competidor que regala su producto? contra eso no puede ni el mejor equipo de estrategia de una transnacional multimillonaria como Nestlé.
 
En un mercado de productos hechos por el hombre, las empresas que buscan la colusión intentan acabar con un competidor, ya sea a través de campañas de desprestigio del producto o la empresa, guerra de precios, etc.  A pesar de los miles de millones de dólares que ha invertido la industria fabricante de fórmulas infantiles para estudiar la leche materna, no ha encontrado aún ningún elemento que pudiera ser usado para deshonrarla, todo lo contrario la leche materna es tal vez el único producto al que sus detractores admiran profundamente y al que han tenido acceso gratuito e ilimitado.  
 
La estrategia entonces debía ser otra; hace falta la cooperación de los profesionales de la salud como impulsadores directos del producto. ¿Y por qué los profesionales de la salud? Porque son los que están más cerca de la persona que realiza la compra: las mujeres embarazadas y las madres de bebés pequeños, y porque ejercen una relación de poder sobre ellas tan eficaz que es capaz de destruir la confianza que tiene la madre en su propio cuerpo, haciéndole creer que no puede amamantar.

30.1.13

Dimensión económica de la Lactancia Materna

Aunque el amamantamiento dista mucho de ser una relación económica, sus implicaciones en la economía son importantes ya que se reflejan en el entorno familiar y en el ámbito macroeconómico.

Profundizar en el impacto de la lactancia materna en la economía de un país pasa necesariamente por reconocer en la leche materna un recurso económico valioso que forma parte de la riqueza natural de la nación, y que ha sido deliberadamente ignorado por las estructuras de poder, al punto de prácticamente desaparecer en los años 70 en Estados Unidos y algunos países de América Latina.

Cuando los Estados, gobiernos y pueblos comprendan que la leche materna tiene un valor económico tan importante como los cultivos de maíz, trigo, como la producción de carne, vegetales, etc., que constituyen la alimentación de millones de seres humanos en el mundo, en ese momento comenzarán a invertir tiempo, esfuerzo y dinero en el rescate de una práctica cuya capacidad de generar bienestar económico y social resulta incalculable.

Es evidente que el reconocimiento del valor de la leche materna y del amamantamiento humano como práctica que genera prosperidad no le conviene a un sistema capitalista y patriarcal, y dentro de él, a la industria de alimentos para bebés responsable de crear de manera artificial la necesidad de alimentar a los bebés con productos industriales a base de leche de vaca, constituyéndose en el principal enemigo de la lactancia materna.

Siendo la fórmula infantil un producto altamente consumido en nuestro país, constituye una parte importante de la realidad que vivimos, realidad que está vinculada a otro elemento económico fundamental que se refiere a los costos económicos y sociales de “alimentar” a los/as bebés con fórmulas infantiles.

Recordemos que los costos de no amamantar no recaen únicamente en las madres, padres e hijos/as, sino en la sociedad en su conjunto. Cuando un país presenta una tasa de lactancia materna exclusiva de 26% (promedio para los primeros 6 meses), como es el caso de Venezuela, el costo de no amamantar se traduce en un asunto de interés colectivo. Aunque la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas no lo reconocen como tal, los riesgos a la salud provenientes del consumo de fórmulas infantiles, sin duda representan uno de los principales costos de no amamantar.

Además de la carga que representa la compra de fórmulas infantiles para la economía familiar, los tratamientos de las enfermedades ocasionadas por la fórmula infantil también generan costos importantes que son asumidos por el sistema público de salud en su mayoría.

La protección de la lactancia materna como forma de alimentación y práctica sociocultural nos obliga a conocer con profundidad como opera el mercado de fórmulas, quienes son los principales actores y cuáles son las relaciones de poder que se esconden tras la producción, distribución y venta de fórmula infantil.

Profundizar sobre la relación entre lactancia y economía nos permite reconocer una de las contribuciones socioeconómicas más importantes de las mujeres a la sociedad, resaltar la importancia de la práctica de la lactancia materna para el bienestar de la población y visibilizar la necesidad de que las políticas públicas protejan la lactancia materna de su principal enemigo: la industria de fórmulas infantiles.