26.5.13

Parto Respetado, Violencia Obstétrica y Lactancia Materna

Estamos en la Semana Mundial del Parto Respetado, una iniciativa internacional que tiene como fin visibilizar la violencia de la que son víctimas las mujeres durante el parto. Aunque los elevados niveles de agresión que sufren las mujeres se producen todos los días en la mayoría de los países del mundo, la celebración de la Semana Mundial se percibe como una oportunidad para llamar la atención -sobre todo de los medios de comunicación- sobre un drama humano que ha sido naturalizado por la mayor parte de los ciudadanos, los gobiernos y las organizaciones sociales.

La naturalización de hechos tan graves, probablemente tenga que ver con la forma y el lenguaje con el que se ha abordado el tema de cara a la opinión pública. El verdadero nombre de este terrible problema es Violencia Obstétrica, tal como lo define la legislación venezolana y que definitivamente le otorga una dimensión más realista del maltrato que viven diariamente miles de mujeres los días alrededor del nacimiento de sus bebés. 

La violencia obstétrica es, sin duda, una de las demostraciones más palpables y cotidianas del sistema de dominación patriarcal que prevalece sobre las mujeres y se materializa en el secuestro de los procesos naturales que se desencadenan durante el trabajo de parto, la prohibición de movimiento, la aplicación de químicos y métodos artificiales para acelerar el parto, la agresión verbal y física hacia la mujer, la toma de decisiones sin el consentimiento de ésta, la negación a que la mujer sea acompañada; en fin, un conjunto de prácticas desempeñadas por el sistema industrial de salud que anulan las capacidades mamíferas de la mujer, imprescindibles para parir y cuidar a su bebé. 

Uno de los grandes desafíos que enfrentan las personas y organizaciones que trabajan para crear conciencia colectiva acerca de este problema, es que al haberse hecho cotidiana esta forma de violencia, la mujer no percibe como agresión algunas acciones que ejerce el sistema de salud sobre su persona, sus familiares y más grave aún sobre su bebé, a menos que estas sean verdaderamente extremas. 

Contrario a lo que se piensa, las mujeres no somos las únicas víctimas de la violencia obstétrica. Los bebés sufren agresiones similares a las que sufren sus madres, durante y tras el parto o cesárea. Esta concepción más amplia del problema está recogida en la Ley Orgánica sobre el Derecho de la Mujer a una Vida Libre de Violencia, la cual califica también como delito la separación de la madre e hijo sin justificación médica, el impedimento al apego oportuno y la negación de la posibilidad de amamantar al bebé inmediatamente al nacer.  

Separar al bebé de su madre apenas nacer tiene serias implicaciones en la salud emocional y física del binomio madre-hijo/a, ya que impide que la cría al salir del útero vuelva al cuerpo materno que constituye su hábitat, donde conseguirá regular su metabolismo, respiración, ritmo cardíaco, temperatura y obtendrá el alimento permanente (leche materna) que le garantizará la salud y la vida.

En la mayoría de los lugares de nacimiento, tanto públicos como privados, el recién nacido es separado de su madre apenas nace, con el fin de practicarle un conjunto de procedimientos médicos, algunos de ellos profundamente violentos, realizados sin el consentimiento ni la presencia de la madre y el padre, practicados de manera habitual y no de acuerdo a las condiciones de salud/enfermedad particulares del recién nacido. 

Particularmente dos de los procedimientos practicados en la mayoría de los centros de salud trascienden el momento del nacimiento y son determinantes para el inicio del amamantamiento, afectando el tipo de lactancia que recibe el bebé (lactancia exclusiva o combinada) y la duración de la misma. 

Se trata del uso de incubadoras y la práctica de dar teteros de suero glucosado y/o fórmulas lácteas a los bebés durante su estadía en el centro de salud. Ambas prácticas no solo son contrarias a la naturaleza del recién nacido y de la madre (también mamífera) sino que son profundamente violentas, al producir en el recién nacido numerosos episodios de llanto, y en la madre, angustia, estrés y pérdida de confianza. El derecho de la madre y su bebé a ejercer libremente el amamantamiento es violentado de manera contundente. 

Entender que el amamantamiento es la continuación de la gestación del mamífero humano es imprescindible para comprender que la violencia que se ejerce sobre la mujer durante el parto y los días siguientes también es violencia contra los y las bebés, y de ese modo debe ser visibilizado en todas las acciones que busquen humanizar el parto y el nacimiento.

La imagen que encabeza este artículo fue diseñada por Deisa Tremarias. 

2 comentarios:

yasnel morales dijo...

Otro procedimiento violento e innecesario es la aplicación de inyecciones de vitamina k a todos los recién nacidos, y que con e apego precoz y la lactancia materna pudiera reducirse a casos específicos, o quizás eliminarse, el peso. El tallado, la toma de temperatura y otras prácticas rutinarias se vuelve innecesaria hacerla justo en el momento del nacimiento, el bebé no va a crecer o engordar en la próxima hora siguiente al parto, y no perderá calor por qué los brazos y el pecho de su madre-padre le proporcionarán un calor ecológico...
Seamos racionales!
Excelente post

Lucía Martínez dijo...

Tuve a mis dos hijas en el mismo Centro Médico. La primera vez la violencia obstétrica se limitó a las prácticas llevadas a cabo en la mayoría de los centros de salud: se llevaron a la niña a hacerle los procedimientos regulares, después de dos horas del nacimiento me la dieron y pude amamantarla y tenerla conmigo. La segunda vez quedé horrorizada no sólo por la acentuación de la violencia sino por las causas que la originan. Mi segunda bebé fue SECUESTRADA en el retén, la neonatóloga alegó "problemas respiratorios" y no me dejaron tenerla, al día siguiente, después de más de 8 horas, pude entrar al retén y amamantarla, sólo me permitieron entrar una segunda vez en la tarde. Cuando me dieron el alta y fui a buscar a mi hija, me enviaron a pasar por la administración del Centro primero, allí me enteré que existía una cuenta por casi 20 mil Bs extra que no estaban dentro del presupuesto del parto, que habían cobrado Bs 15 mil de más al seguro y que debía pagar la diferencia para poder llevarme a mi hija. Me sentí extorsionada, en la factura se cobraban honorarios médicos para la neonatóloga de guardia, que inventó los supuestos problemas respiratorios que mi hija NUNCA TUVO, y para su cómplice, la que recibió la guardia la mañana siguiente. Durante la espera fuera del retén para ver a mi hija, conocí a otra madre que también tenía su hijo en las mismas condiciones y vi cómo dos mujeres más se oban a sus casas SIN SUS BEBÉS porque los habían dejado hospitalizados por los mismos problemas que le atribuían a la mía (yo recibí una llamada en mi habitación donde la administración me proponía irme y dejar a mi hija en la clínica y me negué). Seis meses después de estos delitos, sigo escuchando experiencias de madres que han dejado a sus hijos hospitalizados en ese Centro Médico por "problemas respiratorios". Sólo es su modus operandi para extraer unos céntimos más de las pacientes. Simplemente asqueroso.