Ayer en el Taller Almacenando Vida nuevamente tuve la sensación de
que algo maravilloso ocurría mientras transcurrían las horas del taller y las
mujeres-madres que allí estábamos nos empezábamos a conocer. A medida que cada
una contaba su experiencia de maternaje, con sus alegrías y temores, con la
impotencia que se siente de tanta incomprensión y desprecio hacia el instinto
materno, se generaba una especie de sentimiento de solidaridad femenino muy
poderoso.
Las tensiones escondidas iban cediendo a
medida que las madres se daban cuenta que sus historias eran compartidas. La confianza
comenzaba a surgir de la franqueza de sus relatos, dando paso a un profundo
orgullo por la manera como cada una iba conduciendo su propia experiencia de
maternidad y enfrentando los obstáculos que día a día aparecían de la mano de
un entorno lleno de mitos y sin ganas de aprender de la nueva oportunidad que
les ofrecía la vida: presenciar la transformación de una mujer en madre.
El ejercicio que hicimos de
extracción manual de leche materna también trajo lo suyo. Nos dio la
oportunidad de mirar con detenimiento nuestras mamas, de tocarlas, de
conocerlas. Algunas madres se sorprendieron de cómo era esta la primera vez que
hacían conciencia de sus pechos y al ver cómo del pezón salía primero gotas y
luego diminutos chorritos de leche, aparecía en sus rostros una sonrisa de
gloria.
Cuando una madre recibe acompañamiento
amoroso, escucha atenta, sin sentirse juzgada, es capaz de relajarse, de
conectarse con su ser mamífero y confiar, confiar en su capacidad de amamantar
y de cuidar a su bebé. Su cuerpo se llena de oxitocina y todo fluye de manera natural y maravillosa. Esa mujer reconoce que no hay necesidad de delegar en ninguna otra persona, el poder
de decidir sobre su propio cuerpo y sobre el bienestar de su bebé.
Una vez
más me convenzo que el poder de la maternidad es infinito y cuando estamos
juntas, lejos de la mirada de otros ajenos a nuestra realidad, a nuestras
emociones, damos rienda suelta a los instintos, nos sentimos poderosas,
capaces, hábiles, sabias. Las mujeres juntas somos una fuente de poder que nos
alimenta, nos hace fuertes.
Es cierto
que nuestro entorno muchas veces nos abruma, nos llena de dudas, de temores,
pero también es verdad que nosotras podemos permear con nuestra sabiduría de
mamíferas a los y las que nos rodean.